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Sábado, Junio 14th, 2008
La inclusión de cualquier término en el diccionario de la RAE pasa por el necesario propósito de “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza”. Sin embargo, conservar la pureza del lenguaje es una labor imposible puesto que este debe pertenecer a las pocas cosas que se corrompen continuamente en vida, para mantenerse puras e impolutas solo a partir de la muerte. La lengua castellana está tan viva que sigue incluyendo cada año en su Real Diccionario los términos y acepciones que surgen en el campo de la informática, de la medicina o incluso del argot juvenil. Así, si bien es verdad que fistro (a pesar de ser la palabra coloquial más tecleada en la actualidad dentro de nuestra lengua) aun no se recoge, si lo hacen guay, chance o papa por patata (viva la pureza).
A pesar de ello, si se busca en el diccionario el verbo “tunear”, utilizado comúnmente por los jóvenes para expresar la acción de personalizar y modificar las prestaciones o el aspecto de un objeto, solo encontraremos las acepciones: (1) Hacer vida de tuno (‖ pícaro) y (2) Cosechar tunas (‖ higos de tuna). Esta última proveniente del uso mexicano de la lengua. En cualquier caso, y de seguir empleándose el término en una era en la cual nadie se contenta con las prestaciones o el aspecto de sus pertenencias, es de esperar que la acepción se termine incluyendo por la RAE.
No corren igual suerte las palabras y acepciones que necesitan emplear desde hace tiempo las corrientes feministas, de las que ahora deben participar también las instituciones públicas estando como están obligadas a abogar por la igualdad. Pues estas obtienen siempre el rechazo de unos académicos que arguyen continuamente que el castellano es lo suficientemente rico para expresarse mediante él en términos igualitarios sin desechar la economía del lenguaje.